Biblioteca
Elisa Terroba
Los mohos heterónimos
Relato de Jorge Carrión




Los mohos heterónimos
No tardaron en tomar aquellos metros cuadrados de libros, estanterías y demasiado polvo, que hicieron suyos blanda, sistemáticamente, con una voracidad sin testigos.
Tenía muchos nombres aquel moho, además del científico. Nombres como moho mucilaginoso, moho del fango o del limo, moho deslizante, mucoso y acuático. Era un moho heterónimo. Pero en verdad ninguna palabra podría nombrarlo en singular, aunque fuera todo él una única célula, porque su condición era plural y promiscua, por su naturaleza en red, distributiva y sin sistema nervioso central ni cerebros, sus más de setecientos sexos.
Con sus innumerables extremos, regiones exploratorias en forma de tentáculos de hasta un metro de altura, que alcanzaban los anaqueles más altos, como brazos de estudiantes en busca de información o incluso conocimiento, pero que también se deslizaban por debajo de la moqueta y hasta del subsuelo de madera, ocupó entera en pocos días la librería abandonada, la biblioteca abandonada, porque el espacio ya había perdido su identidad cuando llegó, cuando llegaron, aquel ser o aquellos seres, aquello ni animal ni vegetal ni exactamente fúngico, el moho o los mohos mucilaginoso o mixomicetos, criatura, criaturas sin duda inteligentes en un contexto de papel mojado, parcialmente descompuesto, cada vez menos celulosa y más olvido.
Entró, entraron por la ventana rota, la misma que había permitido la irrupción oblicua de las lluvias huracanadas, uno de los agentes responsables de todo aquel derribo, de tanta ruina, junto con los saqueos tempranos, el primer terremoto de la historia de la región, los ratones, aquel pajarraco con un ala herida, ensangrentada, que encontró refugio y lo ensució todo mientras recobraba fuerzas. Toda la porquería de los roedores y del ave, también aquella pluma con sangre, el polvo entero, todo fue engullido blanda, metódicamente por el escaneo, por la lectura, por el plasma de los hongos heterónimos, que con su recubrimiento o taxidermia o máscara tan viva fueron creando un mapa biológico a escala real, una gigante maqueta.
En su avance simultáneo en varias direcciones, su piel celular y única, con su rugosidad tridimensional, de tono amarillo y brillante como las sobras radioactivas, empezó a confundirse con cada uno de los muebles y libros, con todos y cada uno de los volúmenes
de la librería o la biblioteca, que había existido durante tanto tiempo en aquella misma superficie. Y se hizo evidente (se hubiera hecho evidente, si hubiera habido testigos) que un archivo genético y atávico, de más de dos mil años de antigüedad, estaba ocupando naturalmente el lugar de otro, muchísimo más reciente. Y que allí no había usurpación ni guerra.
Biblioteca
Elisa sale de su “piso” para entrar en nuestra casa con Bibliotecas, donde imagina un futuro en el que ese lugar —símbolo de la memoria colectiva y del saber humano— ha sido desbordado por su propio conocimiento, sustituido por una forma de inteligencia que ya no necesita libros. Su obra no es solo una ficción visual, sino un pensamiento poético: ¿qué queda del conocimiento cuando los libros se desintegran?, ¿qué ha pasado en la sociedad para llegar hasta ese punto?
La poesía se prolonga en la misma ejecución de la pieza. La tinta eterna y aterciopelada del grabado preserva la huella de lo que desaparece, resistiendo a la volatilidad del bit y lo digital, erigiéndose en guardiana de una memoria que se niega a ser borrada.
Los mohos heterónimos
Jorge Carrión convierte el espacio del saber en un cuerpo vivo. La biblioteca, abandonada y húmeda, se transforma en territorio de otros lectores: los mohos, las esporas, las inteligencias sin cerebro. El texto es una fábula sobre la memoria de los libros, sobre cómo la vida —en su forma más mínima— hereda el pensamiento humano, reivindicando la multiplicidad del conocimiento, la disolución del yo y la transformación de la cultura. Con una prosa poética y visionaria, Carrión nos conduce por un archivo que respira, se descompone y se renueva, recordándonos que toda lectura es, también, una forma de metamorfosis.
© de los textos e imágenes: sus autores
© de la edición: La caja grafa Ediciones
Edita: La Caja Grafa
Equipo de dirección
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Ramón J. Freire Santa Cruz
Carlos Julián Martínez Soria
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Perico Simón
Comisario y Director creativo
José Ángel Cañas Romero
Dirección editorial
Carlos Julián Martínez Soria
José Antonio Perona López
Diseño gráfico y maquetación
Ana Angélica Moreno Fernández
Obra gráfica
Elisa Terroba
Textos
Jorge Carrión
Coordinador edición gráfica
Ramón J. Freire Santa Cruz
Perico Simón
Colección Domógrafas nº 3
1ª edición. 50 ejemplares
I.S.B.N.:
Composición: La caja grafa
Impresión: Trisorgar
Estampación de grabados: Talleres de La caja grafa
Hecho en España – Made in Spain
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Cuenca
17 dic | 18,30 h.